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dimarts 2 d'octubre de 2018
Entrevista a Andrés Piqueras 2ª parte
Las sociedades de las personas sin valor (II)
by Salvador López Arnal para Rebelión
per  Andrés Piqueras

“Estamos insertos en un modo de producción cuyas dinámicas estructurales resultan cada vez más irrealizables”

Me centro, si te parece, en tu último libro: Las sociedades de las personas sin valor. Cuarta revolución industrial, des-substanciación del capital, desvalorización generalizada. Creo que nos dará juego para aclarar esas cuestiones. Vayamos paso a paso si no te importa. ¿Nos explicas tu posición en estos temas?

A pesar de que tengo algunas serias discrepancias teórico-políticas con el grupo de Kurz (“Nueva crítica del valor”), no tengo ninguna en lo que respecta a su análisis del valor. Quiere esto decir que me posiciono con ellos frente a Astarita. Y me explico (y para ello tomaré algún punto teórico de esa Escuela) . El valor refleja un tiempo abstracto (vinculado al trabajo abstracto) que tiende a promediarse: el tiempo socialmente necesario para la obtención de una determinada mercancía (objeto o servicio), en función del desarrollo tecnológico alcanzado en cada momento histórico.

Trabajo humano abstracto es el empleado en el tiempo socialmente necesario de producción de una determinada mercancía para el intercambio generalizado, a través del dinero, por otros trabajos productores de otras mercancías, en función del tiempo abstracto que conllevan unas y otras.

Los productos del trabajo humano se convierten así en mercancías cuando su objetivo principal es ser intercambiadas por dinero

(o tiempo socialmente abstracto depositado en otras mercancías). El dinero es el medio por el cual todas las mercancías miden su valor y se intercambian por unidades monetarias.

Hay un repetido error en el análisis del valor que confunde su dimensión física y la abstracta o social. El desarrollo de las fuerzas productivas y en concreto de la tecnología en las sociedades capitalistas, ha permitido incrementar exponencialmente la cantidad de productos-mercancías que se generan. Pero el que haya más mercancías no quiere decir necesariamente que haya más valor (esa sería una explicación física del valor, propia de la economía política anterior a Marx: Petty, Smith, Ricardo...). De hecho, la relación entre el lado físico del trabajo abstracto y las fuerzas productivas es inversa, esto es,

cuanto mayor es la magnitud de las fuerzas productivas menor es la cantidad de trabajo abstracto contenida en cada unidad de producto generado o tiempo de trabajo necesario para producirlas.

Nos explicas un poco más esa noción de trabajo abstracto.

El “trabajo abstracto” indica la abstracción de las diferencias cualitativas de los trabajos concretos que producen valores de uso, para reducirlos todos a un trabajo intercambiable -que convierte los valores de uso en valores de cambio o mercancías listas para ser cambiadas por dinero-, el cual se hace representativo del conjunto de la sociedad. Es, pues, resultado del intercambio general, que toma en cuenta el tiempo socialmente necesario para su producción en función del desarrollo de las fuerzas productivas de cada momento.

La teoría del valor de Marx, por tanto, no es físicamente redundante (tiempo físico de trabajo), dado que incluye la organización social del tiempo de trabajo como determinante fundamental del valor.

En cuanto a Astarita...

Astarita, en cambio, no distingue adecuadamente el efecto directo que tienen las fuerzas productivas sobre el trabajo en su carácter concreto (potenciación física del trabajo que genera mayor cantidad de valores de uso), del efecto inverso que tienen las fuerzas productivas sobre el trabajo en su carácter abstracto. Para él el que aumente la productividad y se produzcan más mercancías es sinónimo de mayor creación de valor, y parece confundir el “trabajo potenciado” de quienes utilizan una tecnología más puntera (capaz de producir más mercancías por unidad de tiempo) con que produzcan más valor, cuando en realidad éste disminuye a gran velocidad para el conjunto de la sociedad, pues el tiempo socialmente necesario para producirlas se reduce drásticamente según aumenta y se difunde ese desarrollo tecnológico. La “potenciación del trabajo” de la que a todas luces habla este autor es una potenciación física del trabajo en su carácter concreto, que no debe confundirse con el trabajo abstracto creador de valor.

Otra cosa es que se refiriera, lo que no se infiere de sus textos, al trabajo potenciado como trabajo más cualificado, el cual añade más valor a las mercancías al depositar en ellas el trabajo de formación que otras personas realizaron para formar a esa fuerza de trabajo extra-cualificada (como trabajo pasado, al igual que ocurre con la maquinaria, que deposita parte de su valor –en cuanto que trabajo socialmente necesario que ya hicieron otros seres humanos para fabricarlas, que por eso llamamos trabajo pasado o “trabajo muerto”- en cada mercancía que produce). Pero Astarita no explicita eso en ningún momento, y además ese camino en el cómputo general tampoco añade apenas valor a la producción capitalista mundial, pues el trabajo más cualificado representa una fracción pequeña del trabajo total; y por si fuera poco, está siendo también sustituido por la inteligencia artificial, con lo que volvemos al punto de partida de tendencial pérdida de valor y de plusvalor en todos los segmentos de la producción, aunque no en las mismas proporciones, claro. En suma, y debido a esas deficiencias, Astarita no presenta una definición general del valor. Hay un trabajo excelente de dos compañeros mexicanos que explican matemáticamente la diferencia entre una fórmula meramente física y otra físico-social en la medición del valor y porqué Astarita se quedó en la formulación pre-marxista del valor

¿Nos puedes dar la referencia?

A. Sebastián Hdez. y Alan A. Deytha, “Crítica a la interpretación que hace Rolando Astarita de la plusvalía extraordinaria. Exposición de la teoría marxista del valor”. Disponible en http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n18/1_Hernandez-Deytha_RolandoAstarita.pdf . Última entrada el 10.09.18.).

Prosigue, prosigue, te he interrumpido.

Ahora bien, es cierto que al producirse más y más mercancías en más sitios, tal exponencial producción de mercancías podría paliar la pérdida de valor que cada mercancía individual tiene. Sin embargo, aquí tenemos que comentar dos cuestiones de gran importancia. Primera,

una vez constituido un mercado mundial capitalista, el valor no lo determina cada país particular (en función de su desarrollo tecnológico concreto), sino el conjunto del sistema mundial capitalista.

Eso quiere decir que si alguien en algún lugar del mundo sigue haciendo sillas a mano y tarda días en hacerlas, no por eso está incorporando más valor a las sillas, sino que el valor mundial de las sillas lo determina la tecnología punta de este momento a escala mundial (que ahora mismo es capaz de hacer sillas en minutos). El valor en forma de transferencia de valor no altera la cantidad total de valor en la economía mundial, sino que únicamente se distribuye (en forma de ganancia) de acuerdo a la eficiencia de cada productor y sector, en favor de los más adelantados.

Segundo, la producción loca de mercancías para intentar paliar la caída del valor de cada una de ellas a fuerza de hacer muchas con muy poco valor (que es a lo que tal vez se agarren Astarita y otros autores para pensar que el capitalismo sigue generando sanamente valor), tiene sus nítidos límites. Vamos a intentar explicarlo un poco más detenidamente, según lo hago en mi libro.

Conforme la automatización de los procesos productivos va haciendo que la cantidad de tiempo de trabajo depositada en cada producto sea menor, la productividad de cada trabajador debe aumentar (debe de ‘hacer’ más productos o servicios en la misma unidad de tiempo) para que la masa de beneficio realizable no disminuya (es decir, si ahora una mercancía sale con una décima parte del valor que tenía hace una década, han de fabricarse 10 veces más elementos de esa mercancía para no perder el total del valor anterior y por tanto la posibilidad de ganancia capitalista). Lo cual conduce a la paradoja de que más aumenta la productividad de las fuerzas productivas, más se necesita que aumente para intentar salvar el beneficio. Así, si la productividad crece por ejemplo un 5%, la producción ha de crecer al mismo nivel para mantener el empleo (y por tanto las posibilidades de plusvalía).

Pero para ello, además, el consumo se ha de intensificar exponencialmente de cara a adaptarse a los aumentos de productividad y paralela elevación de la producción.

El capitalismo, por tanto, está condenado a mantener una continua expansión del consumo a escala planetaria

(lo que le obliga al logro de una pulsión consumista en las poblaciones –al menos en las que tienen una cierta capacidad de compra- y lleva a una permanente pugna entre los capitales por expandir el mercado y apropiarse de una mayor cuota del mismo).

¿Continua expansión ilimitada? ¿Y esto cómo se come?

Esta circunstancia tiene sus lógicos límites absolutos en la finitud de los recursos y sumideros naturales.

También en las propias posibilidades de consumo de las poblaciones. Efectivamente, según el valor (el tiempo socialmente necesario de producción) tiende a cero (con la inteligencia artificial, la robótica, microelectrónica, informática y biotecnología que componen la 4ª Revolución Industrial), el mercado tendría que expandirse a infinito (e infinitamente) en un planeta muy finito: para seguir ese ritmo de producción y de mercado, toda la población mundial debería tener una capacidad de compra cada vez más ilimitada y no sólo todos los recursos y energía planetarios se deberían multiplicar también exponencialmente, sino igualmente la capacidad de la biosfera de asimilar residuos. Hay que ser muy irrealista para pensar que algo así es factible. O dicho de otra forma,

estamos insertos en un modo de producción cuyas dinámicas estructurales resultan cada vez más irrealizables. Un sistema irrealista, demencial, que suple con dinero inventado (capital ficticio) la imparable pérdida de valor que acarrea.

Descansemos un momento. ¿Nos podrás comentar las nociones “caída de la tasa de ganancia” y capital ficticio?

Claro, por supuesto. Después del descanso. ... ... ...

Andrés Piqueras es Profesor titular de Sociología en la Universidad Jaume I de Castellón. Es autor y/o director de numerosos estudios sobre migraciones, mundialización, identidades e intervención de los sujetos colectivos en el ámbito social y político, así como respecto de la crisis terminal del capitalismo, sobre la que trabaja con el Observatorio Internacional de la Crisis . Entre sus libros más destacados cabe señalar Capital, migraciones e identidades (2007), obra colectiva del Observatori Permanent de la Inmigració (OIC), del que fue creador y director; El colapso de la globalización (2011), La tragedia de nuestro tiempo. La destrucción de la sociedad y la naturaleza por el capital. Análisis de la fase actual del capitalismo, Barcelona, Anthropos, 2017. Centramos nuestra conversación en su último libro: Las sociedades de las personas sin valor, El Viejo Topo, Barcelona, 2018.



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Las sociedades de las personas sin valor (II)
2 d'octubre de 2018

 
concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"