Pinochet muri en su cama en el Da Mundial de los Derechos Humanos. Su herencia neoliberal, asentada en sangre y al servicio del Norte, pervive.
El Chile fascista de Pinochet fue el primer y ms radical experimento de los Chicago-Boys y su neoliberalismo de laboratorio, un proceso de privatizacin de empresas pblicas, de las pensiones y la sanidad, de radical apertura al comercio exterior, que saqueo y endeudo un pas desmoralizado, que impuso el libre despido y termino con las conquistas sindicales y las esperanzas de una generacin.

“Vamos a festejarlo vengan todos el crpula se ha muerto se acab el alma negra” (Mario Benedetti)
Por una vez no me siento ntimamente reconocido en las palabras de Don Mario, no consigo identificarme con la alegra de los chilenos que celebran la muerte del innombrable, la percibo desesperada y, presiento, de una amargura aplazada.
Queramos Justicia, Verdad y Reparacin, pero solo tenemos un cuidado anciano de 91 aos que muere en la cama, que escapa de sus procesos, de condenas que no podan ser aplazadas por ms tiempo, estabamos ya ante una inmunidad por Ley que, como la de Al Capone, se resquebrajaba no por la sangre sino ante los delitos fiscales. Otros sern los que de verdad se alegren con motivo, los que otrora le adularon y se beneficiaron, los que -ya hace tiempo- deseaban pasar pgina y no recordar sus bastardos servicios.
Ha huido definitivamente el reo, pero ello no debe detener la Justicia, propiciar el olvido, obviar las reparaciones; la pgina negra no puede pasarse sin las condenas a sus cmplices. La catarsis de la Memoria es necesaria, para que la democracia se recupere del desprestigio de aos de impotencia ante su impune presencia; todava Chile necesita liberarse del peso de un ejercito que rinde homenaje al traidor mostrando las banderas a media asta, romper con una institucionalidad constreida por su herencia de complicidades y su trama de espreos intereses. Condenar es restablecer la verdad de que no actu solo, que no se beneficio solo; es desmentir sus cobardes palabras de feln:"No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fue cierto, no me acuerdo...". Fue dolorosamente cierto y mantendremos Memoria de la infamia. Su muerte tranquila en el da mundial de los Derechos Humanos nos recordara cada ao que, quin los viol todos, dejo cuentas y cmplices en su huida al infierno, una deuda monstruosa con su pueblo, con todos los pueblos.
Una deuda compartida en nuestra memoria con quienes le dieron su ilegtimo poder para la muerte, con quienes ampararon su gobierno y su impunidad sacando provecho. Pinochet no fue demiurgo sino instrumento del proyecto de otros, de Kissinger y la CIA de Bush padre, alertados ante un proceso ejemplarizante de revolucin democrtica que tenan que revertir en su contrario, asentando el no es posible otro destino y cerniendo la amenaza sobre la utopia posible. Para ello crearon un proyecto geopoltico, el “Cndor”, que avisaba a navegantes de otras izquierdas del mundo. Tambin -sobre todo- un proyecto econmico, ese poderoso cemento que une a la ITT, el Chase Manhattan Bank, el Citybank, el Vaticano, los partidos de la derecha, el dinero. El Chile fascista fue el primer y ms radical experimento de los Chicago-Boys y su neoliberalismo de laboratorio, un proceso de privatizacin de empresas pblicas, de las pensiones y la sanidad, de radical apertura al comercio exterior, que saqueo y endeudo un pas desmoralizado, que impuso el libre despido y termino con las conquistas sindicales y las esperanzas de una generacin.
Esa es la herencia que pervive saludablemente para sus demiurgos, las mayores empresas del Estado siguen en manos de ex-gestores militares o de multinacionales, continua el liberalismo de una economa exportadora de recursos naturales y que funciona como plataforma puente de mercancas ajenas al amparo de sus tratados de Libre Comercio; continua al mando una derecha sociolgica pinochetista y un Ejercito tutelador, que gobierna -aunque no reine- en paralelo a la “concertacin” de democristianos y socialistas que pregonan un capitalismo compasivo para con la crueldad del dios Mercado, artifices de un "milagro econmico" por el que presumen de haber conseguido que el 38% de pobres que dejo el dictador sean hoy solo un 18%, an a costa de que en l que pervivan las grandes lneas y los grandes amos a los que Pinochet sirvi.